ARQUITECTURA DE INTERIORES
Costa brava
En lo alto de Port de la Selva, en plena Costa Brava, se alza una casa de veraneo construida en los años 80. Una vivienda con carácter, de esas que atraviesan el tiempo sin perder identidad. Allí comenzó este proyecto de interiorismo, guiado desde el inicio por una premisa clara y honesta: respetar lo que ya existía.
Desde el primer momento, la intervención apostó por conservar la autenticidad de la casa. Se trabajó estrechamente con artesanos de la construcción que supieron recuperar y poner en valor los materiales nobles originales como madera, mármol y pizarra, todos ellos en un estado de conservación tan excepcional que parecía ser la propia vivienda la que marcaba el camino a seguir.
Nada más cruzar la entrada, un gran armario a medida actúa como primer gesto de bienvenida. Funciona como separador visual, insinuando sin revelar, como si guardara en secreto lo que está por descubrir.
Y, finalmente, el paisaje. La piscina infinita se percibe desde casi cualquier punto de la vivienda, actuando como hilo conductor del proyecto. A su alrededor, tumbonas, butacas y zonas de sombra invitan a disfrutar de los aperitivos de verano, esos momentos en los que el tiempo se detiene, el mar se escucha de fondo y la brisa convierte cada instante en recuerdo.
Cada estancia fue vestida de forma personalizada. En el salón, el comedor y el dormitorio principal se instalaron venecianas de madera de lama ancha, mientras que los dormitorios infantiles y de invitados se resolvieron con cortinas y estores, adaptándose a la atmósfera propia de cada espacio.
La cocina, completamente renovada, se diseñó para ser tan funcional como elegante. Las superficies en Silestone Calacatta y los armarios a medida con molduras evocan las grandes cocinas de las villas de los Hamptons, reinterpretadas aquí desde un lenguaje mediterráneo natural y atemporal.
El comedor invita a quedarse. Un banco corrido a medida y una gran mesa diseñada por Verónica Mimoun, con capacidad para doce comensales, se acompañan de sillas ligeras de Sika Design, ideales para las largas sobremesas de verano.
En esta misma planta se encuentra el dormitorio principal, con vistas abiertas al acantilado. Un espacio generoso que integra zona de descanso, escritorio, sofá y chimenea, concebido como un refugio desde el que no hace falta salir.
En los dormitorios de los niños, todo el mobiliario se diseñó a medida en blanco, priorizando la simplicidad y la funcionalidad. En uno de ellos, un arrimadero pintado en un azul intenso introduce un guiño al verano, un tono que reaparece en el lavadero, donde las paredes se decoraron con franjas azules y blancas en homenaje al mar.
En la parte posterior de la vivienda, las antiguas estancias de servicio se transformaron por completo. Hoy albergan una amplia despensa con vinoteca, estanterías de gran capacidad
El microcemento aplicado en las paredes aporta el contrapunto contemporáneo que define esta nueva zona
Una escalera de caracol conduce a un dormitorio de invitados en suite situado en la planta inferior.
Para ofrecer mayor privacidad, se creó un acceso independiente desde un jardín secundario, otorgando autonomía sin renunciar a la conexión con la casa.
La transformación fue serena y reflexiva. No se trataba de reinventar la casa, sino de intervenir con sensibilidad. Solo una estancia se reformó por completo: la cocina, que se abrió al comedor para dar paso a un espacio amplio, luminoso y funcional. El suelo de pizarra original se mantuvo, preservando esa frescura mineral tan característica de las casas de verano mediterráneas
En los baños, se conservaron con especial cuidado las encimeras de mármol y los azulejos cuadrados, evocadores de otra época. Las intervenciones se limitaron a lo imprescindible, logrando un equilibrio natural entre confort contemporáneo y memoria.
El pavimento de pino que recorre toda la vivienda fue restaurado con precisión: se lijó, se tiñó en un blanco ahumado y se dejaron visibles las vetas marcadas por el paso del tiempo. Las puertas de pino macizo siguieron el mismo proceso, decapadas y realzadas con una pátina en tonos grisáceos y verdosos que aportan luminosidad sin borrar la historia.
La iluminación se concibió como un acompañamiento discreto al ritmo de la casa. Focos empotrados proporcionan luz puntual donde es necesaria, mientras que los apliques decorativos envuelven los espacios con una iluminación suave y acogedora, pensada para el descanso.




























