Un refugio entre prados, nieve y calma
LA CERDANYA
Este proyecto de interiorismo se desarrolla en una casa de montaña situada en La Cerdanya, a escasos kilómetros de la estación de esquí de La Masella, en un entorno de una belleza natural que lo impregna todo. Verónica Mimoun Studio firma la intervención integral del espacio con una premisa que lo guía desde el principio hasta el último detalle: respetar el alma de la casa, potenciar su rusticidad genuina y elevarla con el confort, la elegancia y la funcionalidad que merece una vivienda que se vive intensamente en todas las estaciones del año.
La primera imagen que ofrece la casa lo dice todo: la chimenea de piedra encendida, las vigas de madera oscura en el techo, el valle de la Cerdanya extendiéndose al fondo a través de los ventanales. Desde esa primera visión, la intervención de Verónica Mimoun Studio se entiende como un acto de escucha antes que de imposición, un trabajo que nace del entorno y vuelve a él con cada decisión tomada.
La entrada recibe al visitante con la calidez que anuncia el resto de la casa. Un aparador de madera maciza oscura de carácter rústico, con espejo de marco artesanal, sirve de apoyo a una lámpara de sobremesa de base forjada y pantalla de lino que proyecta una luz dorada y envolvente. Sobre la madera, una cesta de hortensias rosadas aporta el único toque de color suave en un espacio de tonos tierra y sombra. Al otro lado de la entrada, la zona de esquí, resuelta con ganchos de hierro sobre un panel de madera, banco a medida y soporte para esquís, cumple una función imprescindible en esta casa sin renunciar a la coherencia estética del conjunto, integrándose como si siempre hubiera formado parte de la arquitectura original.
Desde el hall, la escalera de madera oscura y la barandilla torneada a mano señalan el paso hacia el espacio principal, mientras la puerta acristalada con cortina de lino blanco deja adivinar la luminosidad del salón al fondo. Una pequeña obra enmarcada en la pared de madera, un grabado de paisaje en blanco y negro, dialoga con la sencillez del espacio de tránsito y refuerza el carácter íntimo y literario de la casa.
El salón se abre generoso, articulado en torno a la gran pared de piedra natural que Verónica Mimoun Studio tomó desde el primer momento como el elemento estructural del proyecto. La piedra no es decoración: es memoria, es textura, es el origen de todo. A su pie, la chimenea de leña arde con una presencia casi ceremonial, presidida por el aparador colonial de caoba con vitrinas y cajones donde se guardan libros y recuerdos, y sobre el que descansan tres grandes ánforas de terracota que traen un eco mediterráneo inesperado y perfectamente integrado en este paisaje de montaña.
Frente a la chimenea, dos sofás estilo Chesterfield tapizados en tejido gris perla se disponen con generosidad alrededor de una mesa de centro de madera maciza de formato cuadrado, de patas y tablero con veta pronunciada, diseño que Verónica Mimoun Studio eligió por su capacidad de anclar el espacio sin artificios. Los cojines decorativos en tartán azul marino y gris, un guiño al carácter escocés de las casas de montaña, completan la composición con una paleta que se mantiene fiel a la paleta cromática del entorno: grises, ocres, marrones, el azul lejano de las montañas nevadas.
La iluminación del salón merece una mención especial. Verónica Mimoun renunció a cualquier fuente de luz que pudiera quebrar la calidez del conjunto. Las lámparas de sobremesa de base cerámica negra y pantalla de lino blanco, dispuestas simétricamente sobre las mesas auxiliares a los lados del sofá del fondo, crean una atmósfera de una intimidad casi hotelera. La lámpara de pie de hierro forjado articulado, con su pantalla de lino de gran tamaño, refuerza esa sensación de espacio bien iluminado sin recurrir jamás a la luz fría. Los interruptores y mecanismos eléctricos, sistemáticamente en negro mate, estructuran visualmente cada pared sin restar ni un grado de temperatura al ambiente.
El comedor se integra en el mismo nivel que el salón, separado de él por un umbral sugerido más que construido. La mesa larga de madera oscura maciza, con una elegancia austera, se rodea de sillas tapizadas en cuero negro cosido a mano que aportan al conjunto un rigor contemporáneo en perfecto equilibrio con la rusticidad del techo de vigas. Sobre la mesa, la lámpara colgante de tambor en lino, de gran diámetro, desciende con aplomo y crea el foco de luz necesario para largas sobremesas de invierno junto al fuego. La puesta de mesa, con salvamanteles de mimbre, copas de cristal soplado y una garrafa de barro, cuenta una historia de convivialidad y arraigo que la interiorista había imaginado desde el primer día de proyecto.
La terraza es, como señala la propia Verónica Mimoun, el tesoro que había que descubrir. Las fotografías lo confirman de forma irrefutable: la vista al valle de la Cerdanya desde esta posición elevada es de una belleza que detiene el aliento, con los prados de un verde imposible extendiéndose hasta las montañas. Verónica Mimoun Studio convirtió este espacio en una auténtica sala de estar exterior, con mesa de madera de teca y sillas plegables para los largos desayunos de verano y las cenas al fresco, un toldo blanco que matiza la luz del mediodía sin robarle ni un ápice de carácter, y una segunda terraza inferior pavimentada en piedra natural que permite diferentes usos según el momento del día.
La escalera principal es una pieza de artesanía en sí misma. Los peldaños de madera maciza, con la veta generosa y el acabado ligeramente envejecido que Verónica Mimoun Studio eligió para respetar el paso del tiempo en lugar de borrarlo, ascienden flanqueados por un papel de fibra natural de textura horizontal que recorre toda la altura del hueco y aporta una calidez táctil sorprendente. El detalle de los interruptores negros mate empotrados en ese papel, un elemento tan menor y tan relevante a la vez, resume la filosofía del proyecto: nada es demasiado pequeño para ser pensado con cuidado.
El rellano de la planta superior marca un cambio de registro que sorprende y seduce. Las paredes pasan de la madera oscura de la planta baja a un enlucido en tono arena cálido, y las puertas de acceso a los dormitorios son lacadas en blanco con molduras clásicas y tiradores en negro mate, una combinación que Verónica Mimoun Studio usa para introducir una elegancia más contenida y doméstica en la zona de descanso. El techo de madera natural sin tratar, en un tono más claro que el de la planta inferior, completa la transición con suavidad.
Los dormitorios fueron concebidos como refugios en el sentido más literal de la palabra. En la habitación que hace las veces de cuarto de juegos, un futbolín de madera convive con una cama individual sencilla y estanterías de pared donde los juguetes y los libros esperan. El techo de madera natural y la ventana con persiana de lamas crean un ambiente de cabaña íntima, del tipo de espacio que los niños recuerdan durante toda la vida.
El dormitorio principal, de proporciones generosas bajo el techo inclinado de madera, tiene la calidad de los mejores dormitorios de montaña: un cabecero de matrimonio tapizado en lino de cuadros finos con ribete de tachuelas metálicas, ropa de cama en tonos grises y crema, y las vistas al cielo abierto de la Cerdanya como el mejor cuadro posible. Una silla Luis XV lacada en crema, situada frente a la ventana de triple hoja, crea el rincón de lectura que toda casa de montaña merece. El aparador colonial de madera, con sus cajones y vidrieras, sirve de cómoda y soporte para una lámpara de sobremesa de fuste artesanal, una composición floral de flores blancas y un cuadro apoyado en la pared. La mesita de noche, en madera de caoba, sostiene una lámpara de diseño contemporáneo con base en metal oxidado y piedra, uno de esos elementos que Verónica Mimoun Studio introduce con precisión quirúrgica para que la rusticidad no se convierta nunca en pastiche.
Los baños completan el proyecto con la misma coherencia que lo define desde la entrada. El mueble de lavabo, resuelto con una encimera de madera maciza que el paso del tiempo irá enriqueciendo, sostiene un lavabo sobre-encimera blanco de líneas limpias. Las paredes y el suelo, acabados en microcemento en tono arena cálido, crean una continuidad matérica que amplifica el espacio y lo conecta con la paleta cromática del resto de la casa. Los focos de carril en negro mate sobre el espejo aportan la iluminación funcional necesaria sin traicionar el carácter del conjunto. Bajo el mueble, cestos de mimbre trenzado resuelven el almacenaje con la naturalidad de quien sabe que en los materiales orgánicos está siempre la mejor respuesta.
Finalmente, el dormitorio de los niños con una composición de las literas, de líneas sólidas y carácter atemporal, responde con naturalidad a una forma de habitar funcional sin renunciar a la estética. La distribución aprovecha el espacio con equilibrio, integrando cada elemento con discreción y armonía. Los tonos crudos, los estampados delicados y los acentos en rojo aportan un matiz doméstico y envolvente que dialoga con la nobleza de la madera oscura y la luz tamizada que entra por la ventana.
El resultado es un dormitorio concebido para compartir, pero también para sentirse protegido: un espacio donde la calidez alpina se reinterpreta con sensibilidad contemporánea, atención al detalle y una elegancia silenciosa.
En conjunto, este proyecto en La Cerdanya es una demostración de lo que Verónica Mimoun Studio entiende por interiorismo de montaña: no la reproducción de un estilo, sino la escucha profunda de un lugar y de las personas que lo habitan, el trabajo paciente de quien sabe que una casa bien intervenida no es aquella que lo cambia todo, sino aquella que encuentra lo mejor de sí misma y lo pone en valor para siempre.
